Introduccion del Libro La Inflación
por  Fernando J. Pisani Jueves, 15 Septiembre 2011 01:49

Introducción al libro:

La Inflación,

el Caballo de Troya del neoliberalismo

 

En economía no hay nada misterioso ni inaccesible alentendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto a que se sirve.

Arturo Jauretche

Introducción

“Este tema no es para mi”, “yo de economía no entiendo nada” pueden ser los primeros pensamientos que surjan al leer el título de este pequeño libro. Pero que le metan subrepticiamente la mano en el bolsillo al aumentarle los precios, es un tema que sí le interesa. Por otro lado, si estamos en gran medida dominados o manejados por la economía, que invade todo, ¿no le resulta curioso que sea tan difícil de entender? ¿No será que, como decía Jauretche, su misterio persigue un propósito oculto?

Este escrito no está pensando para los economistas ortodoxos que solemos escuchar, ni para los opinólogos. No lo van a leer: ya lo saben todo. O al menos ya aprendieron de memoria las fórmulas y recetas que deben repetir -y a nosotros convencer- para defender a sus empleadores.

Este texto está pensado para gente común y corriente -Ud. yo-, que coincidimos en algo muy importante: no soportamos las injusticias, nos molesta el engaño, queremos vivir en un mundo mejor. Y ninguno de nosotros se beneficia con la inflación.

Por otro lado, nadie puede dudar que la prédica antiinflacionaria es uno de los principales ejes de las políticas neoliberales en la mayoría de los países del mundo.

Ni que “la inflación” sea uno de los caballitos de batalla de los sectores opositores contra el gobierno kirchnerista, identificándola como uno de sus principales talones de Aquiles.

 

 

Lo vemos al intentar ponerla en el centro de la escena cuando se acerca cualquier acto electoral. O cuando el gobierno va a tomar alguna medida que puede afectar intereses corporativos.

Las nuevas generaciones, que no han vivido los grandes procesos inflacionarios e hiperinflacionarios de Argentina, escuchan las voces que agitan el tema de la inflación y la señalan como el gran peligro que destruirá salarios, jubilaciones, economía, como ya ocurrió en otras épocas, aquí o en otros países. Y el actual gobierno, -en el decir de ellos-, la fomenta, no hace nada para remediarla, o directamente la ignora. Por supuesto que quienes sí vivieron aquellas épocas, ven la amenaza inflacionaria con preocupación.

Esto lo saben quienes organizan las campañas publicitarias políticas contra el kirchnerismo y aprovechan que en general no aparecen respuestas contundentes contra la prédica antiinflacionaria, ni en la militancia, ni entre quienes tienen acceso a los medios de comunicación radiales, televisivos y escritos. En todo caso la mejor defensa pasa por señalar que quienes hoy critican el tema de la inflación, -que es baja comparando con otras épocas-, fueron los causantes de los peores episodios inflacionarios vividos. O señalar que estamos mucho mejor que antes y que el poder adquisitivo mejoró y aumentó, tanto en incluir a más personas que reciben un salario o jubilación mínimas, como la existencia comprobable de una mejora del poder adquisitivo y en la generación de puestos de trabajo.

Pero de una buena vez tenemos que poner los puntos en las íes en el tema inflación. No es posible que sigamos comprando las diversas versiones, liberales, neoliberales, keynesianas y monetaristas. No podemos olvidar que quien denomina, domina1.

Seguir entendiendo la inflación como ellos lo quieren, no sólo mantiene un Talón de Aquiles peligroso, sino que nos incapacita para romper el sometimiento y para encontrar alternativas viables también para el tema inflacionario.

En realidad, deberíamos aprender a devolverles como un búmeran el espectro de la inflación a sus verdaderos responsables.

Por otro lado, el tema de la inflación no es simplemente un asunto de la actual coyuntura o un latiguillo en una campaña electoral. Ha sido -y es- un elemento central en la disputa política, económica y sindical, aquí y en todo el mundo.

Quienes tengan más de cuarenta año recordarán las permanentes campañas contra los trabajadores que querían mejorar su salario, acusándolos de promover la inflación con sus reclamos. Y las ocasiones en que vieron congelados sus ingresos por X tiempo, justamente con el argumento de “parar la inflación”. O las veces que se decidieron planes de ajustes en el Estado, despidos en fábricas, amparándose en la necesidad de frenar el alza inflacionaria. O los procesos de endeudamiento del país y la venta de sus riquezas con la misma excusa.

La inflación no es cualquier tema, sin embargo, resulta curioso que poco y nada se avanzó en el cuestionamiento a los discursos que nos machacan e imponen sobre ella.

Probablemente gracias a que sí se ha avanzando en la ruptura de algunos aspectos del discurso hegemónico en temas claves como derechos humanos, no discriminación por la preferencia sexual, ley de medios, entre otros, y gracias al clima de libertad y de promoción del pensar sin miedo, hoy estemos en mejores condiciones de enfrentar uno de los temas claves de la economía y de la política.


¿Qué es la inflación?

Si buscamos en los diccionarios qué es la inflación seguramente encontraremos algo como “Elevación notable del nivel de precios con efectos desfavorables para la economía de un país” (Real Academia Española) o “el incremento sostenido y generalizado de precios en bienes y servicios”2. O si preferimos buscar a un economista “reconocido”, podemos leer en Samuelson, "entendemos por inflación un período de aumento general de los precios de los bienes y servicios de consumo y de los factores productivos..."

Si recurrimos al “sentido común”, cualquiera de nosotros puede definir la inflación cuando va al supermercado y encuentra que los precios suben mes a mes. Si subieron poco, la inflación es poca, si subieron mucho, es mucha. Y ni hablar si los precios suben semana a semana, o día a día, u hora a hora, como nos tocó vivir.

En realidad, todas estas definiciones rozan la tautología3, pero además, son engañosas, y en todo caso, ocultadoras.

Empecemos a separar los gorgojos del arroz, y remitámonos a la expresión más simple: “los precios suben”.

¿Los precios suben? ¿El cartelito del precio se pone solo un poco más arriba en la estantería? ¿Se queda quieto en ese lugar pero el numero del precio se cambia solo por uno más grande, como si fuera un cuenta kilómetros mágico? ¿Los precios tienen vida propia?

Y lo escuchamos millones de veces con otros temas: “el dólar sube”, “el dólar baja” ¿tienen vida propia las monedas?. Así parecería, así nos lo quieren hacer creer.

 

            Este fetichismo promueve la ilusión de que el dinero, cuando está depositado en un banco, crece solo, como si fuera una planta. ¿Quién no ha visto la propaganda de un banco donde un tipo baila, salta y sonríe todo el tiempo mientras su dinero en el banco crece, crece, crece.
En realidad, entre otras, este fetichismo es una forma de ocultar los mecanismos de apropiación del trabajo de otros.         
Fíjense todos los beneficios que tiene convertirnos en fetichistas.4

 

No es lo mismo decir “Combatamos la inflación” que decir “Combatamos a los que aumentan los precios”.

Además, lo que es aún más importante, al darle el carácter casi mágico de cómo se mueven los precios, las monedas, “el mercado”, se evaden las responsabilidades reales y se ocultan las verdaderas explicaciones del por qué del fenómeno inflacionario y por ende cómo enfrentarlo.

Dejemos por un rato en suspenso cómo sería más apropiado definir lo que es la inflación y pasemos a un aspecto clave de ella

 

¿Por qué hay inflación?

Varias teorías, más o menos complementarias, más o menos contrapuestas, explican el por qué de la inflación. Pero antes de verlas tengamos en cuenta algo. Ninguna de estas teorías es gratis. Así como resulta evidente como cierta prensa manipula ostensiblemente algunas informaciones, al punto que no sólo llega a ocultar o distorsionar la realidad, sino que cae en la mentira lisa y llana, lo mismo pasa con las teorías sobre la inflación.

Según qué se pretende que haga el Estado, o qué intereses concretos se defienden, es la teoría que se tiene. Lo vimos claramente cuando se expusieron los argumentos en la polémica si el Banco Central debía pagar la deuda con sus fondos reservados, o si tenía que contraer nuevas deudas o hacer un ajuste fiscal o ambas a la vez. Los que tenían intereses con el capital financiero internacional o nacional no tenían dudas: no había que pagar la deuda con recursos propios. Debía contraerse un nuevo crédito para pagar el crédito... que pagaba el crédito que pagaba el crédito que pagaba el crédito que alguno de ellos -o los militares- tomaron.

Tampoco es casualidad que el FMI siempre recomiende la misma receta, y tenga una teoría para avalarla. Lo mismo pasa con la inflación.

Según en qué mostrador o de qué lado del mostrador se esté, es cómo se definirá la causa o las causas de la inflación. Es decir, siempre son opiniones interesadas, como este mismo escrito tampoco escapa a ello. La objetividad científica de la física mecánica no se aplica a la teorías sociales ni a los enunciados económicos. Por supuesto que para darle un carácter “científico” utilizan una terminología que asusta o aburre al lego.

Para intentar desmitificar el tema de la inflación y empezar a desmantelar el discurso hegemónico, es necesario pasar revista a las principales teorías y escuelas económico-ideológicas-políticas, lo que a su vez, nos llevará a comenzar a adentrarnos en los mecanismos económicos de la sociedad actual, para tratar de entender por qué aparece la inflación y qué debemos hacer frente a ella.

Aparte de ello, este escrito tiene un objetivo muy concreto: tratar de fundamentar por qué no debemos subestimar en la coyuntura actual el tema de la inflación y por porqué hay aquí una batalla importantísima que dar, en el plano de la cultura, en el plano de la política, en el plano del “sentido común”.

Este trabajo pretende abrir un campo de intercambio, de debate, sobre este tema, sin pretender que lo expuesto sea verdad revelada, o lo mejor que podemos decir sobre el tema.

Es simplemente un pensar en voz alta convocando a pensar en voz alta para sacar el tema del dominio de los "especialistas" y llevarlo a la elaboración colectiva.

Rosario, 13 de septiembre de 2011

 

dosombrasdecaballodetroya

 


1Ver artículo homónimo publicado por Novedades Educativas.

http://www.intercol.org.ar/fjpisani/quien_denomina_domina.html

3Tautología es definir algo con lo mismo que se quiere definir

4Fetichista es aquel que cree que ciertos objetos poseen poderes mágicos, sobrenaturales o tienen vida propia. Del diccionario Fetiche: Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.