La ineludible producción política... y cada uno de nosotros/as
por  Fernando J. Pisani Sábado, 06 Julio 2013 10:53

Lo que sigue es una transcripción de una ponencia del panel "Políticas públicas regionales: diagnósitico, desafíos y perspectiva"

de la Primer Jornada Multidisciplinaria "Pensando las políticas públicas desde el campo nacional y popular"

realizadas en Rosario el 4 de julio de 2013

Gracias por invitarme a esta Jornada para pensar las Políticas Públicas desde este lado de la barricada. Porque aún hay que armar barricadas, aunque no las que usábamos en los sesenta y setenta, tratando de impedir que llegara rápido la represión cuando hacíamos alguna protesta.

Hoy, además de las dificultades que tiene quienes son responsables de encabezar gestiones de gobierno con grupos de privilegios, hay grandes dificultades para definir y construir políticas de Estado que nos ayuden a conseguir una sociedad más justa, más solidaria, más igualitaria y donde no prevalezcan los intereses de una minoría. Y en las calles de nuestro pensamiento, de nuestras conversaciones, de lo que escuchamos, existen ideas, intereses, concepciones que dificultan todo intento de cambio profundo. Y la mejor manera de reprimir un pensamiento, una propuesta, es evitar que surja, evitar que se profundice y sólo circule lo adocenado, lo que siempre fue y es permitido porque no pone en tela de juicio lo establecido, los pilares de la injusticia social.

Por eso no alcanza poner parapetos para defendernos. Hay que más allá de la defensa y pasar a construir agendas, propuestas, políticas, avanzar allí donde nunca antes se ha llegado. Pero no es fácil. Salir del acondicionamiento social, salir del pensamiento adocenado, no es sencillo. Por eso son importantes encuentros como este.jornadamultidisciplinaria

Porque una de las claves del momento que estamos viviendo en Argentina es la necesidad producir política y agenda. La pobreza de las discusiones, la precariedad de las propuestas y argumentaciones, los inevitables rejuntes por un puesto ponen de manifiesto lo mucho que nos falta recorrer y las debilidades que tenemos. Y así como instalar agenda no es instalar un tema en los medios, tampoco es producir política contentarnos con hacer actos o conseguir un voto, aunque también debamos hacerlo. El tema es mucho más complejo y nos va el futuro en él. Y más cuando estamos hablando de una política que cambie el status quo, pues sabemos que existen poderosos intereses que tratarán de impedirlo por todos los medios. Para administrar lo que hay y por ende mantener “lo normal” no se necesita gran cosa. El reto es salir de lo que nos acostumbraron a considerar normal.

Hoy quisiera que pensemos cómo producir política por ejemplo respecto a dos problemas que nos afectan: Uno la inseguridad y la violencia y la inseguridad; el otro referido a la educación: el alto porcentaje de abandono en la secundaria y el fracaso de muchísimos cuando intentan la Universidad.

Sobre la violencia.

Ya pasamos el asesinado 109 en Rosario de lo que va del año. Rosario y Santa Fe se han trasformado en dos de las ciudades más violentas de Argentina. Y si bien el narcotráfico creció a niveles nunca visto en la provincia, es superficial pensar que la violencia que nos afecta, que afecta a buena parte de la población, se debe mayoritariamente al narcotráfico. La mayoría de los casos que terminan en el hospital o en el cementerio no provienen del narcotráfico. Y la violencia es mucho mayor y compleja que la que figura en esas las estadísticas.

Frente a ello una política pública eficaz debe elaborarse y llevarse adelante, pero claro, si no se determina bien el problema, seguiremos como hasta ahora. Pero no quiero referirme a las respuestas inmediatas que deberían darse al respecto, que necesariamente tienen que ver con un manejo distinto de la policía y una reforma del Poder Judicial, pues es sabido que la delincuencia no puede crecer sin una pata en algún sector de la policía y otra pata en un sector de la Justicia. Ni con las imprescindibles respuestas que hay que dar a cuestiones de habitat y trabajo.

Sobre la violencia es necesario ir más a fondo y escapar de la coyuntura o de la inoperancia de los gobernantes provinciales actuales o de la Justicia Federal. De sus impericias, sus "vistas gordas" y zonas oscuras podemos atribuir ciertos crecimientos desmedidos o faltas de respuestas contundentes, pero el problema principal está en otro lado.

Pero es simplista atribuirlo a la pobreza, a la falta de trabajo o a las características de la sociedad capitalista, aunque también tienen que ver. Y más errado aún es afirmar que es propio de la "naturaleza humana": la violencia, las conductas delictivas, el "resolver" las cosas a los golpes, puntazos o tiros, son cosas que se aprenden.

Si lejos de resolverse, se agrava, no es descabellado suponer que estamos haciendo algo cada vez peor, como sociedad y como individuos. Y aquí la clave está en "estamos haciendo". Porque sin pretender negar diversas responsabilidades −económicas, políticas, institucionales− no encontraremos la punta del ovillo si lo vemos como algo que nosotros no tenemos nada que ver, que jamás se relaciona con lo que hacemos, apoyamos o aceptamos.

Si la violencia es un comportamiento social adquirido, y al mismo tiempo encontramos mandamientos religiosos, contenidos educativos, declaraciones políticas, leyes, que cuestionan la violencia ¿en dónde y cómo se aprende? ¿cómo se promueve? ¿cómo se justifica? ¿cómo y dónde se refuerza?

Más allá de que se pueden mejorar o empeorar los índices de acuerdo a las políticas que se den los distintos poderes públicos, una parte principal causante de la violencia sigue presente y queda oculta.

Lo que no se percibe, o no se admite, es que existe una especie de matriz cultural, preexistente al capitalismo, con hondas apoyaturas en rasgos estructurales comunes a diversos modos de producción, que nutre, apoya, promueve, justifica y reproduce las condiciones para la aparición, proliferación y crecimiento de la violencia en general, y que, según situaciones, coyunturas y otros componentes, toma la forma con que se presenta en diversas épocas.

¿Cuáles son algunas de las proposiciones importantes en aquella matriz?

1) Hay seres humanos que están por encima de los demás y tienen sobre los demás derechos, prerrogativas, poder, atribuciones, sea por color de la piel, posición social, patrimonio, sexo, tamaño físico, edad, aspecto o lugar de nacimiento.

2) Se puede agredir, torturar o matar cuando la propiedad o el poder −económico, territorial o religioso− está en juego.

3) El fin justifica los medios.

¿Es posible combatir o disminuir la inseguridad y la violencia manteniendo al mismo tiempo la defensa de estas afirmaciones?

Lo lamentable es que nuestra sociedad −el mundo− acepta, institucionaliza y legitima esos postulados. Incluso a veces lo transforma directamente en axiomas. O son motivo de orgullo.

La familia, el sistema educativo y los medios formadores de opinión y culturales, así como instituciones públicas y privadas, las avalan, promueven, enseñan y fomentan a través de diversos dispositivos, sin que nadie se escandalice o se de cuenta.

Quiero aquí llamar la atención al concepto “dispositivo”. Si queremos entender -y cambiar- cómo funcionan los mecanismos de dominación cultural, ideológicos, políticos, en la construcción del discurso de verdad, debemos identificar los dispositivos puestos en juego, que generalmente permanecen invisibles gracias a su “naturalidad” y su gran visibilidad, valga la paradoja.

Decretar como hizo Irigoyen "el Día de la Raza" (leer día del racismo); o enseñar en las escuelas el "Descubrimiento de América" (leer 120 millones de personas eran subhumanos); o la famosa "Campaña del Desierto" (si está desierto podemos apropiarnos de todo, principal origen de la riqueza de sectores de poder que tanto daño hicieron a la Argentina, como Martínez de Hoz), son dispositivos del primer punto de aquella matriz. Y para salir de temas polémicos de acá, la imagen del monarca español matando a un elefante que no le hizo nada y que tampoco lo hace por necesidad de alimentarse, simplemente por practicar el "deporte" de matar, promueve alevosamente la violencia, pero más aún lo hace el simple hecho de ser rey.

¿O acaso la violencia contra comunidades Q'om en Santiago y contra otras comunidades o personas no blancas en otras provincias no tiene que ver con todo eso?

La desigualdad, la supremacía de unos sobre otros, la exigencia de subordinación, la imposición, la prepotencia, los daños físicos y/o psíquicos están presente en todos lados, incluso en muchas familias, tal vez también en la nuestra. Y buena parte de casos de heridos y muertes producidos por la violencia jamás podrán solucionarse con más policías, pues se producen en el seno familiar.

Humillaciones, insultos, intimidaciones, amenazas de todo tipo −incluso de muerte−, chantaje económico o emocional, estados de servidumbre, uso del poder económico para imponer ciertas conductas al otro o para perjudicarlo, violaciones a la propia pareja o hijos e hijastros, conductas cuasi delictivas sobre los bienes gananciales y no gananciales, incumplimiento de deberes, hurto, golpes, son moneda corriente y quienes más lo sufren son las mujeres, seguidos por las niñas y niños y luego los ancianos.

En esa violencia solapada, sutil, natural, normal, -sospechen siempre de la palabra normal-, y de la cual en todo caso aparecen sólo puntas como el iceberg, transcurre la niñez y la adolescencia de buena parte de nuestros conciudadanos y conciudadanas. Agravado por dar como normales e inevitables las condiciones de vida y hábitat que ya deberían ser inaceptables para todos.

Y es una violencia que se funda, se apoya, se justifica, se defiende y se fortifica en la primera premisa que hemos presentado y contribuye a su reproducción.

Si quisiéramos enfrentar el problema en serio, deberíamos salir de los casos extremos y relevar todos los tipos de violencias e inseguridades, entre otras la familiar, laboral, cultural, ciudadana −largas colas en bancos, hospitales, ruidos, smog, cruzar una calle si se tiene algún problema físico, política, económica, judicial, social, sexual, racial, religiosa, policial, etc, etc. O la violencia que resulta de no cumplir leyes gracias a tener gran poder económico y vasos comunicantes con la Justicia y con sectores políticos y mediáticos. O que prime la ganancia por sobre todo. O la que se estimula con deseos expresados en comentarios de diarios on line, radio, tv, reuniones o manifestaciones, que mejor no reproducir aquí.

Luego determinar cómo se expresan en concreto las tres proposiciones mencionadas, cuáles son los dispositivos más eficientes para defenderlas y reproducirlas y entonces elaborar líneas de acción orientadas a contribuir a desmantelar tanto la matriz social como los dispositivos asociados, más allá de las cosas que ya se pueden estar haciendo en ese sentido, que hay que reconocer y apoyar, no importa quién promueva la iniciativa.

Mientras pensemos que la violencia y la inseguridad es responsabilidad sólo de otros, no podremos enfrentarlas con éxito.

El fracaso educativo

Si analizamos el segundo problema que mencioné, veremos que las cuatro causas educativas principales por los cuales muchos estudiantes fracasan en la universidad son: no saber interpretar texto, no saber resolver problemas, no saber expresarse -oral y por escrito-, y no saber estudiar.

Las preguntas que nos deberíamos hacer, son si hace décadas que se sabe eso, y los estudiantes pasan 12 o más años en el sistema educativo, ¿cómo es que no aprenden por ejemplo a interpretar texto? ¿no será que los docentes no podemos enseñar lo que no sabemos y que no nos damos cuenta que no sabemos?. Sin ir muy lejos, ¿como se compadece saber interpretar texto y por décadas repetir “Descubrimiento de América” o “Campaña del Desierto”?

Solemos pensar que a la libertad, los derechos, la justicia, nos la dan o nos la quitan, pero ¿hasta qué punto no dependen de lo que pensamos, de lo que hacemos, de nuestras concepciones sobre lo que nos rodea y sobre nosotros mismos?

La obediencia, la sumisión, la docilidad no se consiguen meramente con el uso de la fuerza militar o económica. Puede que ello ocurra en un primer momento, pero para mantenerse necesita acondicionar y sujetar conciencias, cuerpos. Lo mismo, para lograr la docilidad o impotencia ante situaciones injustas.

La opresión eficaz es aquella que se ve legitimada, en parte por leyes escritas, pero también por la aceptación del hecho como algo natural o inmodificable.

Si bien el miedo es un elemento clave para mantener injusticias -miedo a perder el trabajo, el ingreso, la libertad, la vida-, esas situaciones por sobre todo necesitan algún tipo de consenso.

Aquí, en la creación del consenso, en el dominio de las voluntades, juegan un lugar clave los medios de comunicación y el sistema educativo.

Y entre todos los dispositivos, sobresale uno clave: quien domina, denomina. Sobre el cual no hablaré pues es más que evidente, aunque no lo es como dispositivo, dicho sea al pasar.

Quiero referirme a su otra cara. Pues tal dispositivo nos condenaría eternamente a la sumisión y al sojuzgamiento si no tuviera su contrapartida y complemento: quien denomina, domina.

El poder no es simplemente el gobierno o el Estado, ni lo que llamamos “el verdadero poder”, es decir, el económico. Son partes fundamentales y dominantes de ese poder. Si. Pero el poder es algo más que eso, y no es solamente externo a nosotros, los sujetos, pues en definitiva es la capacidad o potencia de hacer algo. También algo de él lo tenemos nosotros. A través de nosotros circula, teje relaciones, crea líneas, mesetas, puede también construir verdad. Y en nuestro caso, puede disputar denominaciones, puede desactivar dispositivos, puede establecer otros. Es una de las claves de la posibilidad de cambio.

 

El papel de los dispositivos

Las sociedades que conocemos están atravesadas por múltiples relaciones de poder, que no pueden afianzarse ni funcionar sin una producción, circulación, acumulación y articulación del discurso.

El conflicto por la Resolución 125 de las retenciones móviles con las patronales agropecuarias es un buen ejemplo para entender el lugar del dispositivo.

¿Dónde estuvo el dispositivo principal en este caso?

Quienes piensan que el gobierno perdió en ese conflicto por el voto “no positivo” de un arribista, está equivocado. O que se debió a los cortes de ruta o a que hubo oposición de buena parte de la población. No.

El gobierno no se dio cuenta a tiempo del dispositivo puesto en juego y por eso terminó sometido a él. El gobierno perdió la pulseada con la Sociedad Rural y los exportadores de soja desde mucho antes de que el conflicto se agudizara: la perdió desde el momento que se estableció el dispositivo “Campo”; y no pudo ponerlo en evidencia y desactivarlo.

Un conflicto con los grandes dueños de la tierra y con las corporaciones agroexportadoras tenia la balanza inclinada hacia el gobierno, toda vez que su propuesta contenía aspectos que protegían al mercado interno, promovía un precio más bajo de los alimentos y tendía a mejorar la situación de los pequeños productores. Y más que nada porque los sectores oligárquicos rurales nunca contaron de simpatía popular.

Pero los sectores que detentan la mayor concentración de la propiedad rural, la Sociedad Rural Argentina (SRA) y la CRA, recibieron el regalo del cielo cuando en una actitud, no se si suicida o de entrega, la Federación Agraria Argentina (FAA) se une a ellos, a su enemigo histórico. Es como que los pollitos se unan al zorro para enfrentar los enemigos naturales del zorro, que no son los enemigos de los pollitos. E históricamente el zorro se comió y comerá a los pollitos. Y antes que el gobierno atinara a nada, ya estaba instalado el dispositivo “Campo”: Gobierno vs Campo.

Y claro. ¿quién puede oponerse al Campo como tal?. El campo es la tierra, da vida, alimentos y frutos. El campo es bello, sano y tranquilizador. Es la flor, la guitarra sonando a la noche mientras las brasas crujen y las chispas danzan. El campo es la naturaleza, es nuestra tierra, es La Argentina.

Bajo la palabra “Campo” desaparecen los latifundistas, los genocidas, los explotadores, los oligarcas. Desaparecen quienes han destruído la naturaleza, contaminado en ambiente, envenenado fuentes de agua y personas, cambiado la ecología, inundado regiones enteras. Desaparecen los peones rurales explotados y oprimidos, los trabajadores en negro, la ausencia de derechos. Desaparecen los usureros, los expoliadores de los pequeños arrendatarios, los despojados de su trabajo en la tierra, los desalojados de su tierra. Desaparece el papel de la SRA en el genocidio de los indios, las masacres de Patagonia Rebelde y del Grito de Alcorta. Desparece el aumento de infecciones respiratorias y cáncer en las zonas cercanas a las plantaciones de soja. Nada es casual. Son los mismos que brindaron públicamente “¡Viva el Cáncer!” cuando murió Eva Perón.

Pero dejemos de lado que ellos no eran piqueteros porque usaban camionetas 4x4 y eran de tez blanca y hasta parecían cultos. Olvidemos que jamás gobierno alguno sufrió esos cortes de ruta por parte de las corporaciones agropecuarias, ni un chantaje para provocar escasez de alimentos en los centros urbanos. Dejemos a un lado su vocación antidemocrática y el apoyo a diversos golpes de estado. No estamos analizando ese conflicto.

Estamos intentando poner en evidencia un dispositivo, que no es necesario recordarles a ustedes cómo rápidamente se construyó: No había radio, canal de televisión, diario que no hablara del “conflicto del gobierno con el campo”, por supuesto que la mayoría en contra del gobierno, pero incluso los contados con los dedos de la mano que hablaban a su favor no pudieron escapar en su momento de esa lógica. Ustedes, por ejemplo, ¿no referenciaron en algún momento, o nominamos como “el conflicto del gobierno con el campo”?

Esforcémosnos para no ingresar al tema del conflicto en sí, ni que pocos meses algunos pequeños productores e intendentes reconocieran aspectos positivos de la medida rechazada. Poco importa para lo que estamos tratando de evidenciar cuánto de razón esgrimía cada una de las partes, lo que interesa es cómo se logró rápidamente constituir el dispositivo.

Y claro, aquí es fundamental el papel de los medios hegemónicos, que en realidad ya se han transformados en el intelectual colectivo de buena parte de las grandes corporaciones y propietarios, en el partido de poder que atraviesa todos los partidos políticos y a los productores de cultura y tiempo libre.

Un gran peligro para la causa de la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, y para la propia Educación, está en la invisibilidad, impunidad y tremenda potencia que tienen los medios masivos para disputar e imponer denominaciones, y por ende, para dominar allí donde es más difícil de percibir y defenderse. Hoy dichos medios, no sólo en Argentina sino en el mundo, son los principales productores de Discurso y de Verdad, de dispositivos de dominación. Y en una sociedad llamada "de la Información", son los principales productores de la desinformación.

Tenemos que aprender -y enseñar- a detectar estos dispositivos, y asumir el reto que tenemos hoy: mejorar la producción de ideas, mejorar la producción de política, plantearnos la necesidad de colaborar en definir y establecer agendas y en definitiva, disputar las denominaciones, impedir que se afiancen o se den por naturales aquellas que nos dañan, que nos someten, que defienden una sociedad normal, es decir, basada en las injusticias, pues lo normal hasta hoy es que en el mundo haya miseria, hambre, ricos y pobres, una gran mayoría sin terminar la secundaria ni ingresar a la universidad, por poner algunos pocos ejemplos. Y luchar por establecer nuestras propias denominaciones.

Y no debemos olvidar aquella frase, que creo era de Paulo Freire: “Detrás de todo saber o conocimiento lo que está en juego es una lucha por el poder.”. Y en esa lucha, en esa necesidad de producir política y agenda, nos tenemos que involucrar. No meramente en el papel de repetidores, sino en el papel de productores. Y no debemos subestimarnos. Se puede.

Gracias por la paciencia.

Rosario, 4 de julio de 2013

Fernando J. Pisani

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Bibliografía ampliatoria:

 

Quien denomina, domina. Publicado en la revista Novedades Educativas Año 22 N°239 Noviembre de 2010. Puede bajarse de http://www.intercol.org.ar/fjpisani/quien_denomina_domina.html click aquí

 

Violencia e inseguridad: el bisturí necesario. Ensayo. Abril de 2012

http://www.notasyantidotos.com.ar/inicio/item/19-la_violencia_y_la_inseguridad/19-la_violencia_y_la_inseguridad click aquí

 

Violencia y narcotráfico en Santa Fe: los cambios necesarios. Abril 2013

http://www.notasyantidotos.com.ar/inicio/item/25-violencia_y_narcotrafico/25-violencia_y_narcotrafico click aquí

 

El narcotráfico y la escuela. Diario La Capital. 30 de abril de 2013

http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2013/4/edicion_1633/contenidos/noticia_5031.html

click aquí

La matriz cultural de la violencia y la inseguridad. Diario La Capital. 28 de mayo de 2013

http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2013/5/edicion_1660/contenidos/noticia_5001.html click aquí